Empecé el año terminando de leer las últimas páginas de 'El Médico', de Noah Gordon (Estados Unidos, 1926) escrita en el año 1986 pero que podría haberse escrito ayer porque, por mucho que pase el tiempo, sus palabras trasladan a principios del año 1000 cuando el mundo aún estaba 'naciendo'.
A través de sus más de 700 páginas (que pese a lo que pueda parecer se leen con mucha facilidad) Gordon nos traslada tanto al Londres de la época, cuando la ciudad aún no llegaba a los límites del Támesis. También nos lleva hasta la Persia árabe a través de los ojos de un niño pobre que quiere ser médico y que se dejará la piel para poder estudiar en la madraza incluso dejando de lado su identidad propia por el camino.
Comencé a leer 'El Médico' un poco reticente ya que no sabía si iba a ser un libro que me engancharía (y necesito que me enganche desde el principio) al estar ambientado en una época tan lejana. Sin embargo, probablemente haya sido eso, las ganas de conocer cómo se vivía en aquellos años, los que me hicieron no poder parar de pasar las páginas y pasarme viajes enteros en el tren pegada a las letras y a la apasionante historia de Rob J. Cole.
Tengo pendiente los dos siguientes libros 'Chamán' y 'La doctora Cole' pero me doy una pausa para poder leer los regalos de Reyes. Fue precisamente durante Navidad cuando vi que están preparando la película del libro (cuyo guionista es el propio autor y su hija), tendremos que esperar a ver las críticas porque, ahora que lo tengo tan reciente y que aún me quedan dos libros más por leer no sé si quiero que se me caiga el mito y volver a decir: 'Me gustó más el libro',
jueves, 9 de enero de 2014
miércoles, 27 de noviembre de 2013
#RTVVnoestanca
Canal 9 lleva sintonizado en todos los televisores de mi casa desde que tengo uso de razón. Tengo que decir que, desde que comencé a tener algo de conciencia, intentaba evitar los informativos y todos los programas que tuvieran algún tipo de cuestión política en su escaleta. Más que nada porque 'lo que veía en la tele' no era exactamente lo que 'veía en las calles'.
Pero sí. Canal 9 siempre ha estado ahí, de fondo. Las maravillosas tardes de mi infancia tienen de fondo 'La Paella Rusa' y el gran Monleón con su 'a guanyar diners'. En mi casa, después de comer, veíamos, (sin entender muy bien qué hacía ahí), cómo una enchufadísima Mar Flores aparecía en nuestras pantallas presentando 'La música es la pista'. Antes de cenar teníamos a María Abradelo con sus ajustadísimos modelitos subida a un escenario al aire libre mientras una serie de cantantes amateurs de algún pueblo valenciano movían sus caderas mientras intentaban seguir la letra de las canciones. El karaoke más puro que he visto en mi vida. Y qué decir de esas noches con Ximo Rovira, Mariñas y su 'que te calles Karmele' o la gran Chabeli en Tómbola, el programa que marcó un antes y un después en el cotilleo español. ¡Que sería ahora de Telecinco sin este precedente!
Lo reconozco. Soy de la generación que creció cantando la cabecera de Doraemon en valenciano. Quizás por eso le tengo un especial cariño. Quizás sea porque creo que los valencianos necesitamos nuestra identidad propia. Un canal al que acudir cuando queremos vivir nuestra propia cultura, un lugar que nos cuente lo que REALMENTE ocurre dentro de nuestras fronteras, un canal que nos permita ver la cremà de las Fallas de Valencia o la elección de la Bellea del Foc de Alicante (perdonad mi casposidad pero me tira mucho la terreta).
La única manera que tenemos de seguir viviendo intensamente nuestra lengua y nuestra cultura es con un Canal 9 libre y respetuoso. Una televisión y un radio que nos informe de TODO lo que ocurre y que nos incumbe. Que el señor que esta en un pequeño pueblo de Castellón sepa que ha habido un accidente de metro en Valencia del que aún no hay responsables o que la señora que vive en Alicante sepa lo que realmente es la Trama Gürtel o simplemente ver 'L'Alqueria Blanca' el domingo.
Porque creo que es necesario. Porque ha dejado huella en mi infancia. Porque creo que es imprescindible: #RTVVnoestanca.
Pero sí. Canal 9 siempre ha estado ahí, de fondo. Las maravillosas tardes de mi infancia tienen de fondo 'La Paella Rusa' y el gran Monleón con su 'a guanyar diners'. En mi casa, después de comer, veíamos, (sin entender muy bien qué hacía ahí), cómo una enchufadísima Mar Flores aparecía en nuestras pantallas presentando 'La música es la pista'. Antes de cenar teníamos a María Abradelo con sus ajustadísimos modelitos subida a un escenario al aire libre mientras una serie de cantantes amateurs de algún pueblo valenciano movían sus caderas mientras intentaban seguir la letra de las canciones. El karaoke más puro que he visto en mi vida. Y qué decir de esas noches con Ximo Rovira, Mariñas y su 'que te calles Karmele' o la gran Chabeli en Tómbola, el programa que marcó un antes y un después en el cotilleo español. ¡Que sería ahora de Telecinco sin este precedente!
Lo reconozco. Soy de la generación que creció cantando la cabecera de Doraemon en valenciano. Quizás por eso le tengo un especial cariño. Quizás sea porque creo que los valencianos necesitamos nuestra identidad propia. Un canal al que acudir cuando queremos vivir nuestra propia cultura, un lugar que nos cuente lo que REALMENTE ocurre dentro de nuestras fronteras, un canal que nos permita ver la cremà de las Fallas de Valencia o la elección de la Bellea del Foc de Alicante (perdonad mi casposidad pero me tira mucho la terreta).
La única manera que tenemos de seguir viviendo intensamente nuestra lengua y nuestra cultura es con un Canal 9 libre y respetuoso. Una televisión y un radio que nos informe de TODO lo que ocurre y que nos incumbe. Que el señor que esta en un pequeño pueblo de Castellón sepa que ha habido un accidente de metro en Valencia del que aún no hay responsables o que la señora que vive en Alicante sepa lo que realmente es la Trama Gürtel o simplemente ver 'L'Alqueria Blanca' el domingo.
Porque creo que es necesario. Porque ha dejado huella en mi infancia. Porque creo que es imprescindible: #RTVVnoestanca.
jueves, 3 de octubre de 2013
¿Estamos preparados para el 'Muro de pago'?
Inevitablemente el periodismo está cambiando. Como periodista duele pero también sonrío al pensar que, si este nuevo modelo funciona, igual todos tendremos las mismas oportunidades. Igual que cuando hace muchos años, como me contaban antiguas compañeras, las redacciones estaban llenas de jóvenes llenos de ilusión dispuestos a trabajar miles de horas a cambio de poder publicar una historia con su nombre.
Se ha hablado durante todo el verano del ya famoso 'paywall'. Los pocos diarios españoles de tirada nacional que quedan se estan viendo obligados a cambiar su modelo de negocio hacia este curioso 'muro de pago'. '¿Quieres leer? Paga'. Visto así, fácil. Probablemente este sea el único clavo ardiendo que les queda ante la gran avalancha de despidos y recortes que se están viendo en las redacciones: periodistas con muchos años de experiencia que se ven condenados a salir 'voluntariamente' aunque con una espada de Damocles en la cabeza (una manera sutil de decir: 'o te vas tú y te comes tu orgullo o te echamos y sales con una mano delante y otra detrás'). Aunque la profesión de periodista nunca estuvo bien pagada... (¿o acaso los jefes de los despachos sí que cobran bien?) son familias que se han quedado sin sueldo a fin de mes.
Viendo el panorama y, antes de que llegue el 'muro de pago' a las webs de información española me he dispuesto a ver 'Page One: inside The New York Times', documental de Andrew Rossi muy recomendable sobre los cambios del archiconocido periódico. ¿Conclusión? Si en España se hubieran acogido a este cambio con anterioridad (hablamos del NYT en 2010) igual no se habría producido tal caos en las redacciones. Viendo 'Page One', vemos como el periódico pasó por las mismas fases que los medios españoles, pero con años de diferencia: la necesidad de estar conectados a las redes sociales, el gran 'impacto' del iPad (y creer que sólo enfocando el negocio hacia las tablets se iba a solucionar), el despido de parte de la redacción... y, finalmente, aceptar que hay que huir del 'todo gratis'.
¿Los problemas? Probablemente sea que estamos en una sociedad que, lamentablemente, estamos muy acostumbrados a la palabra 'GRATIS'. Empezamos hace años con la descarga masiva de películas, series y discos de música de internet. ¿Quién no tenía/tiene un disco duro repleto de archivos piratas? Estamos acostumbrados a abrir varias páginas de Internet y encontrarnos todo tipo de información gratuita a golpe de click y sin pagar un euro. ¿Que nos compramos un e-book? Nos bajamos los libros gratis. En Twitter puedes leer sin ningún tipo de problemas los artículos de Orbyt sin estar suscrito (enlaces, enlaces y enlaces), hay programas de Internet en los que puedes escuchar música online gratis a cambio de escuchar un par de anuncios.... y un largo etcétera que llega hasta el punto de que la aplicación para móvil de mensajería instantánea que tanto dinero nos ha ahorrado, nuestro querido Whatsapp, informó de que iba a cobrar anualmente UN EURO y todos nos pusimos las manos a la cabeza.
Somos amantes del 'todo gratis'. Y más los españoles, que nos vamos de viaje al extranjero y al entrar a las tiendas y bares nos vigilan porque saben que vamos a 'tomar algo prestado'. ¿Estamos preparados para un 'muro de pago' en los periódicos? Fui suscriptora de Orbyt y tengo que decir que no renové porque prefiero el papel (sí, soy una nostálgica) y también porque no tengo iPad y en el ordenador me parecía bastante incómodo leer sus pdfs, todo hay que decirlo. Y yo sí pagaría por obtener una información de análisis e investigación (pago por los periódicos al menos una vez a la semana) pero ¿hay una mayoría de la población que lo hará? Sirva de ejemplo los diarios gratuitos.
Me suelo rodear de periodistas pero los de mi alrededor que no trabajan o han trabajado en el mundo de la información muy pocas veces (por no decir nunca) se han comprado un periódico en papel: Entran en las webs de los medios españoles para leer titulares y, si tú les haces pagar, se irán a otro a leerlo. Porque no les interesa la calidad, les interesa la cantidad. Ven los informativos y se dan por enterados. No tienen interés en saber los porqués o qué es lo que opina alguna de las grandes firmas periodísticas al respecto. Y ellos, lamentablemente, son los que tienen que mantener el negocio de la información. Ellos (nosotros) son los que tenían que mantener la industria cinematográfica y mirad cómo ha terminado. Espero, de corazón, estar equivocada. De momento hay webs que lo han tenido que 'levantar'.
Se ha hablado durante todo el verano del ya famoso 'paywall'. Los pocos diarios españoles de tirada nacional que quedan se estan viendo obligados a cambiar su modelo de negocio hacia este curioso 'muro de pago'. '¿Quieres leer? Paga'. Visto así, fácil. Probablemente este sea el único clavo ardiendo que les queda ante la gran avalancha de despidos y recortes que se están viendo en las redacciones: periodistas con muchos años de experiencia que se ven condenados a salir 'voluntariamente' aunque con una espada de Damocles en la cabeza (una manera sutil de decir: 'o te vas tú y te comes tu orgullo o te echamos y sales con una mano delante y otra detrás'). Aunque la profesión de periodista nunca estuvo bien pagada... (¿o acaso los jefes de los despachos sí que cobran bien?) son familias que se han quedado sin sueldo a fin de mes.
¿Los problemas? Probablemente sea que estamos en una sociedad que, lamentablemente, estamos muy acostumbrados a la palabra 'GRATIS'. Empezamos hace años con la descarga masiva de películas, series y discos de música de internet. ¿Quién no tenía/tiene un disco duro repleto de archivos piratas? Estamos acostumbrados a abrir varias páginas de Internet y encontrarnos todo tipo de información gratuita a golpe de click y sin pagar un euro. ¿Que nos compramos un e-book? Nos bajamos los libros gratis. En Twitter puedes leer sin ningún tipo de problemas los artículos de Orbyt sin estar suscrito (enlaces, enlaces y enlaces), hay programas de Internet en los que puedes escuchar música online gratis a cambio de escuchar un par de anuncios.... y un largo etcétera que llega hasta el punto de que la aplicación para móvil de mensajería instantánea que tanto dinero nos ha ahorrado, nuestro querido Whatsapp, informó de que iba a cobrar anualmente UN EURO y todos nos pusimos las manos a la cabeza.
Somos amantes del 'todo gratis'. Y más los españoles, que nos vamos de viaje al extranjero y al entrar a las tiendas y bares nos vigilan porque saben que vamos a 'tomar algo prestado'. ¿Estamos preparados para un 'muro de pago' en los periódicos? Fui suscriptora de Orbyt y tengo que decir que no renové porque prefiero el papel (sí, soy una nostálgica) y también porque no tengo iPad y en el ordenador me parecía bastante incómodo leer sus pdfs, todo hay que decirlo. Y yo sí pagaría por obtener una información de análisis e investigación (pago por los periódicos al menos una vez a la semana) pero ¿hay una mayoría de la población que lo hará? Sirva de ejemplo los diarios gratuitos.
Me suelo rodear de periodistas pero los de mi alrededor que no trabajan o han trabajado en el mundo de la información muy pocas veces (por no decir nunca) se han comprado un periódico en papel: Entran en las webs de los medios españoles para leer titulares y, si tú les haces pagar, se irán a otro a leerlo. Porque no les interesa la calidad, les interesa la cantidad. Ven los informativos y se dan por enterados. No tienen interés en saber los porqués o qué es lo que opina alguna de las grandes firmas periodísticas al respecto. Y ellos, lamentablemente, son los que tienen que mantener el negocio de la información. Ellos (nosotros) son los que tenían que mantener la industria cinematográfica y mirad cómo ha terminado. Espero, de corazón, estar equivocada. De momento hay webs que lo han tenido que 'levantar'.
martes, 28 de mayo de 2013
'The Hole': un cabaret atípico
Cuando voy al teatro intento, por todos los medios, evitar leer durante los días antes cualquier crítica o comentario que pueda influirme o contarme qué es lo ocurrirá. Así lo he hecho siempre, una manía supongo. Y así lo hice con 'The Hole'. Si soy sincera, conocía la obra/musical, conocía los actores y que la idea era de Paco León, a quién sigo en Twitter y quién, como es normal, ha trabajado mucho en su promoción.
Fui sin una idea preconcebida a este magnífico y sorprendente espectáculo pero, ahora, una vez que lo he visto si alguien me pregunta qué es 'The Hole', la verdad es que no sé qué responder. Es un musical atípico que junta una estética cabaretera con buena música, alucinantes espectáculos en el aire y desnudos. Ojo porque todo son cuerpos esculturales y lo peor que puedes hacer es comparar.
Los 'maestros de ceremonia' varían según la temporada, en esta ocasión era Pepa Charro, más conocida como 'La terremoto de Alcorcón' que, personalmente, me pareción que el papel le venía como anillo al dedo. La música corría a cargo de cuatro mayordomos con unas voces que dejan al público con la boca abierta. Cada uno con un tono de voz, cada uno realizaba un sonido a capela, cada uno cantaba una parte de la canción y el resultado era magnífico.
Además, al fondo del escenario, colocada dentro de unos gigantescos labios rojos, aparece una bola de tela roja (Almon) muy cercano al travesti que cobra especial protagonista con una de las canciones en las que demuestra el chorro de voz que parecía que no tenía. Las supernenas son dos chicas con todo su cuerpo bien colocado (van en tetas, por supuesto), que hacen auténticas maravillas en el aire colgadas de una tela: se enganchan entre ellas y, simplemente, vuelan sobre el público.
Mención especial, por supuesto a una espectacular bailarina rubia que entre la provocación y el burlesque. En una de sus apariciones juega en la oscuridad con su cuerpo mientras se desnuda y se se cubre de pintura fluorescente. Y, por supuesto, el gran Pony Loco, un patinador que esta todo el escenario prácticamente desnudo y del que te puedes esperar de todo, hasta el punto que mi acompañante acabó con él encima (y hasta aquí puedo leer). Por supuesto, falta el protagonista: el ratón. Tan amaestrado que se mantiene quieto sobre una mesa mientras mueve su larga cola.
Con la oferta de entradas que encontramos pudimos sentarnos por un precio no muy alto en la platea. Y, ¡bendita la hora! Las piruetas aéreas volaban sobre nosotros, teniendo una perspectiva que nunca antes había visto: te podías fijar en hasta el más mínimo detalle (mira como estira la espalda, mira como se le tensan los brazos...) Además, la platea no es la de un teatro al uso. En vez de butacas han colocado mesas de cuatro personas donde puedes, mientras ves el espectáculo, puedes pedir a los camareros una copa (no recomendable para estómagos sensibles) o picar algo de cena.
La escenografía así como los personajes fue lo que, quizás, más me impactó. Me quedaría con los cuatro mayordomos y con sus voces tan diferentes pero que sintonizan a la perfección. Aunque cada actor hace un papel digno de mención: desde los magníficos ejercicios aéreos hasta los increíbles cuerpos desnudos fruto de horas y horas de ejercio (conforme sales te dan ganas de apuntarte enseguida al gimnasio).
Quizás, por sacarle alguna pega, el hilo conductor me pareció flojo: historietas sueltas que de forma genial La Terremoto se encargó de unir pero que, para mi gusto, le faltaba argumento: demasiadas cosas sueltas cuando en verdad la historia 'real' gira en torno a la historia de amor con un ratón. Pero, sin dudarlo, si puedo algún día volveré a entrar en 'el agujero'.
Fui sin una idea preconcebida a este magnífico y sorprendente espectáculo pero, ahora, una vez que lo he visto si alguien me pregunta qué es 'The Hole', la verdad es que no sé qué responder. Es un musical atípico que junta una estética cabaretera con buena música, alucinantes espectáculos en el aire y desnudos. Ojo porque todo son cuerpos esculturales y lo peor que puedes hacer es comparar.
Los 'maestros de ceremonia' varían según la temporada, en esta ocasión era Pepa Charro, más conocida como 'La terremoto de Alcorcón' que, personalmente, me pareción que el papel le venía como anillo al dedo. La música corría a cargo de cuatro mayordomos con unas voces que dejan al público con la boca abierta. Cada uno con un tono de voz, cada uno realizaba un sonido a capela, cada uno cantaba una parte de la canción y el resultado era magnífico. Además, al fondo del escenario, colocada dentro de unos gigantescos labios rojos, aparece una bola de tela roja (Almon) muy cercano al travesti que cobra especial protagonista con una de las canciones en las que demuestra el chorro de voz que parecía que no tenía. Las supernenas son dos chicas con todo su cuerpo bien colocado (van en tetas, por supuesto), que hacen auténticas maravillas en el aire colgadas de una tela: se enganchan entre ellas y, simplemente, vuelan sobre el público.
Mención especial, por supuesto a una espectacular bailarina rubia que entre la provocación y el burlesque. En una de sus apariciones juega en la oscuridad con su cuerpo mientras se desnuda y se se cubre de pintura fluorescente. Y, por supuesto, el gran Pony Loco, un patinador que esta todo el escenario prácticamente desnudo y del que te puedes esperar de todo, hasta el punto que mi acompañante acabó con él encima (y hasta aquí puedo leer). Por supuesto, falta el protagonista: el ratón. Tan amaestrado que se mantiene quieto sobre una mesa mientras mueve su larga cola.
Con la oferta de entradas que encontramos pudimos sentarnos por un precio no muy alto en la platea. Y, ¡bendita la hora! Las piruetas aéreas volaban sobre nosotros, teniendo una perspectiva que nunca antes había visto: te podías fijar en hasta el más mínimo detalle (mira como estira la espalda, mira como se le tensan los brazos...) Además, la platea no es la de un teatro al uso. En vez de butacas han colocado mesas de cuatro personas donde puedes, mientras ves el espectáculo, puedes pedir a los camareros una copa (no recomendable para estómagos sensibles) o picar algo de cena.
La escenografía así como los personajes fue lo que, quizás, más me impactó. Me quedaría con los cuatro mayordomos y con sus voces tan diferentes pero que sintonizan a la perfección. Aunque cada actor hace un papel digno de mención: desde los magníficos ejercicios aéreos hasta los increíbles cuerpos desnudos fruto de horas y horas de ejercio (conforme sales te dan ganas de apuntarte enseguida al gimnasio).
Quizás, por sacarle alguna pega, el hilo conductor me pareció flojo: historietas sueltas que de forma genial La Terremoto se encargó de unir pero que, para mi gusto, le faltaba argumento: demasiadas cosas sueltas cuando en verdad la historia 'real' gira en torno a la historia de amor con un ratón. Pero, sin dudarlo, si puedo algún día volveré a entrar en 'el agujero'.
martes, 16 de abril de 2013
Los padres no deberían enterrar a sus hijos
Una madre (o un padre) no está preparada para enterrar a su hijo. No debería ser así. En cuanto leí anoche que una de las víctimas de las bombas del maratón de Boston era un niño de 8 años se me cayó el alma a los pies. Y esta mañana, en cuanto he visto que estaba junto a sus hermanas y su madre esperando en la línea de meta a que pasara su padre, todavía ha sido peor. Sólo puedo pensar en ese padre, en el peso que va a llevar encima el resto de su vida. Y en el niño, con la ilusión con la que debería estar esperando a que su admirado progenitor completara el maratón. La vida es demasiado cruel.
Justo ayer mismo, escasos minutos antes de que saltara la alarma de las explosiones en Boston, la noticia que corría por las redes sociales era que el español Manu Brabo había ganado el Premio Pulitzer 'a la mejor fotografía de últimas noticias' por una imagen tomada en Siria. Casualmente (cosas del destino, supongo) la fotografía muestra a un padre abrazando el cadáver de su hijo muerto. Repito un padre (o una madre) no está preparado para enterrar a su hijo.
Mientras, en España, vuelve a saltar la noticia de que Miguel Carcaño (asesino confeso, hasta la fecha, de Marta del Castillo) ha cambiado su declaración y ahora implica a su hermano. Esta mañana, en uno de los programas matinales, aparecían unos padres destrozados pidiendo que, por favor, alguien les deje enterrar el cuerpo de su hija. Una vez más: una madre (o un padre) no está preparado para semejante atrocidad.
Esto me trae al recuerdo la 'Pietá de Memmon' (Museo del Lovre), una obra que estudié en su día en historia del arte en el colegio y que me llamó la atención porque se considera el antecedente de las 'típicas' Piedades que recorren las calles de nuestras ciudades en Semana Santa, con la Virgen llevando a en brazos a su hijo muerto. En esta obra, pintada en un vaso rojo, la diosa Eos (diosa de la 'aurora', que salía todas las mañanas para anunciar a su hermano Helios, el Sol) lleva en brazos a su hijo Memmon, fallecido en manos de Aquiles durante la batalla de Troya.
Desde entonces, son muchas las historias de padres o madres que han tenido que enterrar a sus hijos, aquellos por los que han sufrido, por los que darían la vida. Y no es justo. Como tampoco es justo que los hijos tengan que enterrar a sus padres pero eso, tristemente, es ley de vida.
Justo ayer mismo, escasos minutos antes de que saltara la alarma de las explosiones en Boston, la noticia que corría por las redes sociales era que el español Manu Brabo había ganado el Premio Pulitzer 'a la mejor fotografía de últimas noticias' por una imagen tomada en Siria. Casualmente (cosas del destino, supongo) la fotografía muestra a un padre abrazando el cadáver de su hijo muerto. Repito un padre (o una madre) no está preparado para enterrar a su hijo.
Mientras, en España, vuelve a saltar la noticia de que Miguel Carcaño (asesino confeso, hasta la fecha, de Marta del Castillo) ha cambiado su declaración y ahora implica a su hermano. Esta mañana, en uno de los programas matinales, aparecían unos padres destrozados pidiendo que, por favor, alguien les deje enterrar el cuerpo de su hija. Una vez más: una madre (o un padre) no está preparado para semejante atrocidad.
Desde entonces, son muchas las historias de padres o madres que han tenido que enterrar a sus hijos, aquellos por los que han sufrido, por los que darían la vida. Y no es justo. Como tampoco es justo que los hijos tengan que enterrar a sus padres pero eso, tristemente, es ley de vida.
miércoles, 10 de abril de 2013
Todos los tópicos caben en una buena novela
Cada vez que entro a clases de árabe me acuerdo del libro 'La infiel', de Reyes Monforte (Madrid, 1973). Con esto no quiero decir que no me gustara, porque me lo leí de una sentada y lo recomiendo encarecidamente. Pero, con cada página que pasaba me preguntaba que pensará acerca de este libro el mundo musulmán. Creo, de hecho que, por mucho que se hable de esta obra, poco es (y será).
Desde luego, absténganse de comprarlo los lectores que no tengan una mente abierta. Porque, todos los estereotipos que puedan existir sobre la comunidad árabe están en este libro, y desde el comienzo. La historia se basa en la relación de una profesora de español con el mundo árabe pero, ya las primeras páginas te introducen de lleno en el final de una célula islamista.
Por supuesto, no tengo nada que criticar, ya que, tras su lectura, investigué y descubrí varias historias reales acerca de la influencia que muchos hombres árabes han tenido en mujeres occidentales que, ciegas de amor, han caído en sus redes de terrorismo. De hecho, además de la protagonista del libro, también se habla de otras mujeres españolas con las que se encuentra a lo largo de su aventura. Una de ellas es Raquel Burgos, en la cuál esta inspirada la historia de ficción de Sara.
Conforme pasas las páginas del libro te das cuenta que el 'amor' es sólo el principio. Estas mujeres, por muy preparadas que estén, por mucho que vivan una vida occidental o por una familia que tengan, acaban metidas casi sin darse cuenta en un mundo que es completamente ajeno a ellos y que les llama mucho la atención. Pero sin saber hasta qué punto, hasta que ya es demasiado tarde.
Tras leer el libro investigué sobre Raquel Burgos (hay muchos artículos en Internet sobre ella, aquí el testimonio del padre), una estudiante madrileña de periodismo que un día, en el metro, conoció a un chico árabe que la eclipsó. Hasta el punto de casarse con él y abandonar su vida occidental por amor. Su marido, que también tiene cabida en esta historia, está considerado como el líder de AlQaeda en Europa e incluso el ideólogo del atentado del 11M. La protagonista, Sara, de hecho tiene una conversación (de ficción) con Raquel Burgos, ya que le llama la atención que sea también española como ella, y en ella, Reyes Monforte ha querido dejar claro que al final, estos islamistas consiguen persuadir a las mujeres hasta terminen pensando como ellos, vistiendo como ellos y que vean incorrecto todo lo que no sea su mundo, todo lo que sea occidental.
Desde luego, con 'La infiel', el lector aprecia todo este universo desde dentro, ya no sólo el amor pasional sino los engaños y las obligaciones que surgen a lo largo de la historia, motivos por los cuáles hay muchas mujeres occidentales que, antes de que reaccionen ya están metidas de lleno en un mundo del que ya no podrán salir. Una forma de vida muy diferente a la que estas mujeres están acostumbradas, pero que al final acaban aceptando, ya sea 'voluntariamente' (como Raquel Burgos) o por obligación (como es el caso de Sara)
'La infiel' me parece un libro imprescindible. Eso sí, si se tienen prejuicios de antemano hacia esta comunidad no recomiendo leerlo porque probablemente estos vayan a más y el lector acabe odiando, literalmente, al mundo árabe. No creo que este sea el propósito de la autora, ni mucho menos (tras leer 'Un burka por amor' le sigo la pista), pero hay que tener en cuenta que se introduce a todos en un mismo saco: terrorismo, amor obligado, secuestros, vida por y para el Islam... Y, por supuesto, hay que saber que no todos son iguales.
Me llama la atención también el gran proceso de documentación que tiene el libro: los lugares, los personajes, las diferentes tramas... En una de las entrevistas que leí en su día de la autora está comentaba que hay muchas más mujeres occidentales que se unen a árabes que pertenecen a una célula islamista y que, cuando se enteran (utilizan todo tipo de estratagemas y 'engaños', como podréis leer en el libro) ya es demasiado tarde y no pueden salir de ese mundo.
Es algo que, por lo menos yo desconocía. Son historias que no salen en los medios, son mujeres que viven ya en un silencio perpetuo, que igual están en Afganistán pero igual están viviendo entre nosotros, en cualquier ciudad. Algo completamente desconocido para mí, y supongo que para muchos lectores, que sorprende y que, también, asusta porque puede pasarle a cualquiera... Y eso da miedo.
Desde luego, absténganse de comprarlo los lectores que no tengan una mente abierta. Porque, todos los estereotipos que puedan existir sobre la comunidad árabe están en este libro, y desde el comienzo. La historia se basa en la relación de una profesora de español con el mundo árabe pero, ya las primeras páginas te introducen de lleno en el final de una célula islamista.
Por supuesto, no tengo nada que criticar, ya que, tras su lectura, investigué y descubrí varias historias reales acerca de la influencia que muchos hombres árabes han tenido en mujeres occidentales que, ciegas de amor, han caído en sus redes de terrorismo. De hecho, además de la protagonista del libro, también se habla de otras mujeres españolas con las que se encuentra a lo largo de su aventura. Una de ellas es Raquel Burgos, en la cuál esta inspirada la historia de ficción de Sara.
Conforme pasas las páginas del libro te das cuenta que el 'amor' es sólo el principio. Estas mujeres, por muy preparadas que estén, por mucho que vivan una vida occidental o por una familia que tengan, acaban metidas casi sin darse cuenta en un mundo que es completamente ajeno a ellos y que les llama mucho la atención. Pero sin saber hasta qué punto, hasta que ya es demasiado tarde.
Desde luego, con 'La infiel', el lector aprecia todo este universo desde dentro, ya no sólo el amor pasional sino los engaños y las obligaciones que surgen a lo largo de la historia, motivos por los cuáles hay muchas mujeres occidentales que, antes de que reaccionen ya están metidas de lleno en un mundo del que ya no podrán salir. Una forma de vida muy diferente a la que estas mujeres están acostumbradas, pero que al final acaban aceptando, ya sea 'voluntariamente' (como Raquel Burgos) o por obligación (como es el caso de Sara)
'La infiel' me parece un libro imprescindible. Eso sí, si se tienen prejuicios de antemano hacia esta comunidad no recomiendo leerlo porque probablemente estos vayan a más y el lector acabe odiando, literalmente, al mundo árabe. No creo que este sea el propósito de la autora, ni mucho menos (tras leer 'Un burka por amor' le sigo la pista), pero hay que tener en cuenta que se introduce a todos en un mismo saco: terrorismo, amor obligado, secuestros, vida por y para el Islam... Y, por supuesto, hay que saber que no todos son iguales.
Me llama la atención también el gran proceso de documentación que tiene el libro: los lugares, los personajes, las diferentes tramas... En una de las entrevistas que leí en su día de la autora está comentaba que hay muchas más mujeres occidentales que se unen a árabes que pertenecen a una célula islamista y que, cuando se enteran (utilizan todo tipo de estratagemas y 'engaños', como podréis leer en el libro) ya es demasiado tarde y no pueden salir de ese mundo.
Es algo que, por lo menos yo desconocía. Son historias que no salen en los medios, son mujeres que viven ya en un silencio perpetuo, que igual están en Afganistán pero igual están viviendo entre nosotros, en cualquier ciudad. Algo completamente desconocido para mí, y supongo que para muchos lectores, que sorprende y que, también, asusta porque puede pasarle a cualquiera... Y eso da miedo.
Rafita Perestroika
Me gusta que mis amigos me recomienden canciones, discos, artistas, películas, libros... Me gusta ir a casas ajenas y admirar sus colecciones de discos, de libros, de películas. Y los que lo saben, me permiten que les tome prestado, de vez en cuando alguno de sus tesoros. Así me ocurrió con Rafa Pons (Barcelona, 1978). Mi querida amiga y compañera, autora de 'Escribo por embargo' (os recomiendo una visita), con la que durante años he compartido miles de links de canciones con nocturnidad y alevosía, me cedió, durante una visita a su casa, su colección de discos de este cantautor. Y, como no podía ser de otra manera, acertó de lleno.
Rafa Pons se ha convertido en mi compañero durante largos viajes en tren. Siempre está ahí sonando, me acompaña en el coche, en el iphone, en mi casa.... Sin querer, me veo tarareando en cualquier esquina su 'Malaputa' a alguna chica que pasa o cantando 'No te jode' mientras me veo bajando al "paki a por cervezas" (al "chino" en el caso de los que vivimos en Madrid).
Con ella fui a mi primer concierto de Rafa Pons, en el Búho Real, con apenas 20 personas y su guitarra. Y me enamoró. Después ya amplió público y tocó en la Sala Galileo, y allí fuimos. En este caso tocó con Santi Noriega (con quien empieza las noches pero luego nunca sabe donde las acaba) y con su banda, y lo vimos en un sitio preferente. Y luego vino otro. Y espero que que nos queden muchos más donde podamos subir al escenario a cantar 'Malaputa' y su coreografía. Porque, también tiene canciones fuera de disco.
Pero, en mi opinión, la música de Rafa Pons es, al igual que la de muchos cantautores, es para pequeñas salas, donde todo es más íntimo. Pero, claro esta, que los artistas necesitan comer y como la venta de discos no da dinero, tienen que vender entradas que, al fin y al cabo, es lo que todos pedimos: buenos conciertos y una gira constante. De hecho, hace relativamente poco tiempo Rafa Pons ha actuado en el Palau de Barcelona y lleva, desde que lo conocí en gira. ¡Bravo! Pero claro, a mi me gusta el Rafa que canta con su guitarra, en 'petit comité', contando que su madre siempre quiso que se dedicara a ser un "importante abogado" (lo es) o que prefiere el Pro al Fifa. ("Me apalanco en el sillón, mientras juego al Pro Evolution").
Rafa Pons se ha convertido en mi compañero durante largos viajes en tren. Siempre está ahí sonando, me acompaña en el coche, en el iphone, en mi casa.... Sin querer, me veo tarareando en cualquier esquina su 'Malaputa' a alguna chica que pasa o cantando 'No te jode' mientras me veo bajando al "paki a por cervezas" (al "chino" en el caso de los que vivimos en Madrid).
Con ella fui a mi primer concierto de Rafa Pons, en el Búho Real, con apenas 20 personas y su guitarra. Y me enamoró. Después ya amplió público y tocó en la Sala Galileo, y allí fuimos. En este caso tocó con Santi Noriega (con quien empieza las noches pero luego nunca sabe donde las acaba) y con su banda, y lo vimos en un sitio preferente. Y luego vino otro. Y espero que que nos queden muchos más donde podamos subir al escenario a cantar 'Malaputa' y su coreografía. Porque, también tiene canciones fuera de disco.
Pero, en mi opinión, la música de Rafa Pons es, al igual que la de muchos cantautores, es para pequeñas salas, donde todo es más íntimo. Pero, claro esta, que los artistas necesitan comer y como la venta de discos no da dinero, tienen que vender entradas que, al fin y al cabo, es lo que todos pedimos: buenos conciertos y una gira constante. De hecho, hace relativamente poco tiempo Rafa Pons ha actuado en el Palau de Barcelona y lleva, desde que lo conocí en gira. ¡Bravo! Pero claro, a mi me gusta el Rafa que canta con su guitarra, en 'petit comité', contando que su madre siempre quiso que se dedicara a ser un "importante abogado" (lo es) o que prefiere el Pro al Fifa. ("Me apalanco en el sillón, mientras juego al Pro Evolution").
Rafa (y su inseparable guitarra) es un cantautor de los que consiguen que una canción te marque tanto que acabe siendo tu himno. Tras escuchar sus tres discos ya te haces una idea de su vida: desde 'Mal te veo' con temas como 'Julia Roberts' (muy recomendable para los más cinéfilos) o 'Nieve en la ventana', como 'Insisto', ('Para nonainonero' o 'Berlin Est') o 'Persona, animal o cosa' en el que se ve al Rafa más optimista, a aquel que le dan igual sus problemas del pasado y que hace un pulso al destino con 'A que me enamoro'. Una evolución digna del mejor de los compositores.
lunes, 4 de marzo de 2013
¡Qué buena persona era!
Todos los muertos eran buenas personas. Cada vez que alguien famoso muere 'salen' todos sus fans por todos lados. El problema de las redes sociales, en especial Twitter, es que todos opinan sobre todo con mucha facilidad. Igual que cuando gana la Selección de fútbol o de baloncesto, que todos son grandes amantes de dicho deporte 'desde siempre'. Pues lo mismo ocurre con los muertos.
Cuando falleció Manuel Mota (director creativo de Pronovias) resulta que muchas de las personas a las que sigo eran seguidoras absolutas de su obra (ninguna casada, por cierto). Cosas que sorprenden pero que es intrínseco al ser humano. Si muere un futbolista de un equipo de fútbol de Kuala Lumpur, siempre hay alguien que 'lamenta' mucho su pérdida en las redes sociales, porque 'le encantaba, de siempre' su técnica de juego o su forma de lanzar el balón.
En serio, esto ocurre. Bueno, ha ocurrido siempre. Pero es que con Facebook y Twitter, todo esto se agranda. Todos opinan sobre todo y lamentan la muerte de absolutamente todos. También, porque con Internet, cada vez es más fácil enterarse de la muerte de alguien y, al momento, escribir, 'Qué pena, se ha muerto Fulanito, con lo mucho que me gustaba'. (Esto último se puede cambiar por 'con todos los libros que me he leído suyos' -sin haber abierto nunca un libro-, 'me encantaban sus canciones' o cualquier otra tontería similar).
Así somos. Hablamos bien de las personas sólo cuando están muertas. Mientras que están vivas, que es cuando hay que demostrarles a las personas cuánto las admiramos, nos dedicamos a 'pasar' de ellas: no compramos sus libros, ni sus discos, ni vemos sus películas... Pero, oye, una vez se ha muerto, '¡qué buena persona era!'.
Así ocurre incluso con las ventas de sus propios productos. El disco 'Black to black' (maraviloso, por cierto), por ejemplo, de Amy Winehouse, aumentó considerablemente las ventas tras la muerte de la cantante británica. Pero, mientras ella estaba viva, todo eran gritos y pitidos en sus conciertos (doy fe de ello).
Este fin de semana, sin ir más lejos, ha fallecido Tony Ronald ('Help!, ayúdame) y Pepe Sancho. En cuestión de minutos todo mi timeline de Twitter se llenó de mensajes de condolencia, aludiendo a las grandes series del genial actor español, por ejemplo. También La Sexta cambió rápidamente su parrilla y programó para esa misma noche la serie 'Crematorio' pero, ¿y mientras estaba vivo? A lo único que se dedicaban las cadenas era a perseguir a ese hombre 'alcachofa' en mano por las calles (aún recuerdo el famoso vídeo saliendo del aeropuerto de Barajas mientras calificaba de 'basura' a todas las cadenas de televisión).
Ley de vida. Esperar a que mueras para que tu trabajo sea bien considerado y que te conviertas, de la noche a la mañana en 'la persona más maravillosa del mundo'. Y ocurre con todos. También con María Asquerino, que, según me enteré tras su muerte, que estaba muy sola o, al menos, más sola de lo que ella se esperaba que iba a estar y que, poco antes, había aparecido en el programa de televisión 'Sálvame' explicando que estaba arruinada. Una lástima. Una pena terminar la vida de esta manera, sabiendo que al poco tiempo todos van a hablar de ti lo bien que no han hablado durante tu vida. Y, lo peor, que se regocijaran de ello.
Cuando falleció Manuel Mota (director creativo de Pronovias) resulta que muchas de las personas a las que sigo eran seguidoras absolutas de su obra (ninguna casada, por cierto). Cosas que sorprenden pero que es intrínseco al ser humano. Si muere un futbolista de un equipo de fútbol de Kuala Lumpur, siempre hay alguien que 'lamenta' mucho su pérdida en las redes sociales, porque 'le encantaba, de siempre' su técnica de juego o su forma de lanzar el balón.
En serio, esto ocurre. Bueno, ha ocurrido siempre. Pero es que con Facebook y Twitter, todo esto se agranda. Todos opinan sobre todo y lamentan la muerte de absolutamente todos. También, porque con Internet, cada vez es más fácil enterarse de la muerte de alguien y, al momento, escribir, 'Qué pena, se ha muerto Fulanito, con lo mucho que me gustaba'. (Esto último se puede cambiar por 'con todos los libros que me he leído suyos' -sin haber abierto nunca un libro-, 'me encantaban sus canciones' o cualquier otra tontería similar).
Así somos. Hablamos bien de las personas sólo cuando están muertas. Mientras que están vivas, que es cuando hay que demostrarles a las personas cuánto las admiramos, nos dedicamos a 'pasar' de ellas: no compramos sus libros, ni sus discos, ni vemos sus películas... Pero, oye, una vez se ha muerto, '¡qué buena persona era!'.
Así ocurre incluso con las ventas de sus propios productos. El disco 'Black to black' (maraviloso, por cierto), por ejemplo, de Amy Winehouse, aumentó considerablemente las ventas tras la muerte de la cantante británica. Pero, mientras ella estaba viva, todo eran gritos y pitidos en sus conciertos (doy fe de ello).
Este fin de semana, sin ir más lejos, ha fallecido Tony Ronald ('Help!, ayúdame) y Pepe Sancho. En cuestión de minutos todo mi timeline de Twitter se llenó de mensajes de condolencia, aludiendo a las grandes series del genial actor español, por ejemplo. También La Sexta cambió rápidamente su parrilla y programó para esa misma noche la serie 'Crematorio' pero, ¿y mientras estaba vivo? A lo único que se dedicaban las cadenas era a perseguir a ese hombre 'alcachofa' en mano por las calles (aún recuerdo el famoso vídeo saliendo del aeropuerto de Barajas mientras calificaba de 'basura' a todas las cadenas de televisión).
Ley de vida. Esperar a que mueras para que tu trabajo sea bien considerado y que te conviertas, de la noche a la mañana en 'la persona más maravillosa del mundo'. Y ocurre con todos. También con María Asquerino, que, según me enteré tras su muerte, que estaba muy sola o, al menos, más sola de lo que ella se esperaba que iba a estar y que, poco antes, había aparecido en el programa de televisión 'Sálvame' explicando que estaba arruinada. Una lástima. Una pena terminar la vida de esta manera, sabiendo que al poco tiempo todos van a hablar de ti lo bien que no han hablado durante tu vida. Y, lo peor, que se regocijaran de ello.
Jaume Plensa crea con la cabeza
A finales del año pasado los medios de comunicación volvieron a hablar, de Jaume Plensa (Barcelona, 1955), artista ganador del Premio Nacional de Artes Gráficas, premio precedido
por el Nacional de Artes Plásticas del año pasado.
De hecho, según un estudio publicado, Miquel Barceló, Juan Muñoz y Jaume Plensa son los únicos españoles que se han colado en la lista de los 500 artistas más cotizados del mundo en las subastas de arte. En el estudio, realizado por Artprice, (se puede descargar gratuitamente aquí), y encabezado, por supuesto, por Jean-Michel Basquiat se aprecia que el mundo del arte no entiende de crisis. Un ejemplo de ello es que Christopher Wool ha pasado de estar en la posición 15 de la lista en 2011 a colocarse el tercero el año pasado. Pero ese es otro tema que ya trataremos.
Inevitablemente, hablar de las obras de Jaume Plensa es hacerlo de las cabezas gigantescas. Muy comentada fue su instalación en plena playa de Rio con motivo de la Mostra Internacional de Arte Público del país.
Pero la escultura 'Dreams' no ha sido la primera, ni la última, que Plensa ha mostrado en sitios públicos. En varias ocasiones, los medios - aunque no se centren en el mundo del arte demasiado - se han hecho eco de las instalaciones del artista por el mundo, el centro de Calgary (Canadá) se ha terminado de instalar recientemente la escultura 'Wonderland' del artista catalán, una cabeza gigante que, como todas sus esculturas ha dado mucho que hablar.
Tuve la oportunidad de ver de cerca, en la edición de 2012 de la Feria de Arte Contemporáneo (ARCO), la obra de Plensa y, la verdad, es alucinante. El visitante puede pasarse horas mirando (y admirando) sus trabajos, que siempre encontrará algo más en lo que centrarse, como es el caso de esta imagen.
Pero, como todo, las cabezas de Plensa no son las únicas. En la catedral de Pamplona, por ejemplo, es Antonio López el que ha instalado 'Día y noche', las esculturas que estaban situadas en la puerta de la estación de Atocha de Madrid. ¿Una nueva moda? ¿Una manera de explicar que, en la época en la que vivimos, sigue siendo nuestra cabeza la que manda? Una maravilla, al fin y al cabo.
De hecho, según un estudio publicado, Miquel Barceló, Juan Muñoz y Jaume Plensa son los únicos españoles que se han colado en la lista de los 500 artistas más cotizados del mundo en las subastas de arte. En el estudio, realizado por Artprice, (se puede descargar gratuitamente aquí), y encabezado, por supuesto, por Jean-Michel Basquiat se aprecia que el mundo del arte no entiende de crisis. Un ejemplo de ello es que Christopher Wool ha pasado de estar en la posición 15 de la lista en 2011 a colocarse el tercero el año pasado. Pero ese es otro tema que ya trataremos.
Inevitablemente, hablar de las obras de Jaume Plensa es hacerlo de las cabezas gigantescas. Muy comentada fue su instalación en plena playa de Rio con motivo de la Mostra Internacional de Arte Público del país.
Tuve la oportunidad de ver de cerca, en la edición de 2012 de la Feria de Arte Contemporáneo (ARCO), la obra de Plensa y, la verdad, es alucinante. El visitante puede pasarse horas mirando (y admirando) sus trabajos, que siempre encontrará algo más en lo que centrarse, como es el caso de esta imagen.
Pero, como todo, las cabezas de Plensa no son las únicas. En la catedral de Pamplona, por ejemplo, es Antonio López el que ha instalado 'Día y noche', las esculturas que estaban situadas en la puerta de la estación de Atocha de Madrid. ¿Una nueva moda? ¿Una manera de explicar que, en la época en la que vivimos, sigue siendo nuestra cabeza la que manda? Una maravilla, al fin y al cabo.
jueves, 7 de febrero de 2013
Esto es... porno
Recuerdo que hace un par de años sonaba una canción por los altavoces de los bares junto a otros temas del momento que decía 'Esto es porno' de Hinojosa & Zambrano, dos djs (Roberto y Rubén, respectivamente) con que alcanzó la gloria en 2009, con este y otros temas dance. Pero no, este post no trata sobre esa canción ni sobre ningún otro 'one hit wonder'. En esta ocasión, con esta frase me refiero al libro que ha alcanzado la fama mundial en apenas unos meses: 'Cincuenta sombras de Grey' (2011), de E.L. James (Londres, 1963).
No soy muy amante de los best sellers, porque las expectativas que crean tantos comentarios al final producen que el libro en cuestión, en algunos casos, decepcione. Como ocurre con las películas (e incluso con la música) es mejor comenzar un libro sin conocerlo de antemano demasiado, pero en la muchos casos es inevitable. (Mi truco es esperar un par de meses después de leer las críticas. Funciona)
Al final siempre acabo cayendo y leyéndome alguna que otra obra del estante de grandes éxitos de las librerías. Así me pasó con 'La casa de Riverton' y 'El jardín olvidado', de Kate Morton, (de la que, por cierto, aún tengo pendiente 'Las horas distantes'), o con John Grisham o incluso Ruiz Zafón. Sí, mucho hablar pero al final siempre me puede la curiosidad por alguno de los libros más comentados.
Comencé 'Cincuenta sombras de Grey' sabiendo de antemano que era literatura un tanto subida de tono. Pero esta obra, en mi opinión, está más cerca de ser una obra 100% porno a ser un simple relato erótico. Con esto no quiero criticar, ni mucho menos, este tipo de género, más bien me sorprende que haya causado tanto éxito entre el sector de lectoras femeninos, ya no sólo nacional sino a lo largo de todo el mundo.
La pregunta inevitable que surge tras leer la obra de E.L. James es '¿porqué este repentino éxito?' '¿tiene la sociedad carencias sexuales que se suplen con este tipo de libros que roza el porno?', '¿tenemos problemas las mujeres con el sexo?'. Realmente, si la trilogía ha triunfado alcanzando la fama como 'porno para mamás', es que era necesario cubrir ese nicho de lectoras que necesitaban ponerle chispa a sus relaciones sexuales.
A finales del año pasado, varios medios de comunicación se hicieron eco de una noticia del Daily Mail en que se contaba que una mujer británica había pedido el divorcio alegando al libro como argumento. Pero ahí no queda todo, hace un par de días, una mujer alemana de 28 años moría tras probar algún ritual de la famosa obra. Ahí queda eso.
Chica virgen conoce a chico (guapísimo, famoso y rico) que le abre las puertas del sexo y la introduce en las prácticas más variopintas. Y hasta ahí puedo leer porque si sigo igual os quedáis sin historia. La clave del éxito probablemente sea que la protagonista sin comerlo ni beberlo acaba metida de lleno en la vida de tan apuesto 'príncipe' o quizás (opto más por esta opción) sean las descripciones sobre las horas y horas de sexo de la pareja.
Claro esta que toda comparación es odiosa y Christian Grey y Anastasia Steele no se dedican precisamente a jugar a médicos en sus hazañas amorosas. Látigos, sumisión, esposas... (y eso que sólo me he leído el primer libro). Es lógico que las aficionadas a esta saga pidan a sus maridos/amantes/amigos que formen parte del juego de sadomasoquismo. Pero ellos también deberían leerlo y así saber qué es lo que realmente queremos las mujeres. Y con esto no me refiero a rituales de sumisión, sino a un poco más de emoción y menos monotonía en la relación.
Eso sí, conozco a mujeres que han tenido que cerrar el libro en el transporte público tras alcanzar un grado de excitación con las descripciones de la historia demasiado elevado para el momento. Y no es difícil que ocurra, porque hay escenas tan salvajes e intensas que la lectora luego se queda con ganas de más. Aunque me parece más porno que literatura erótica. Y, ojo, con eso no quiero decir que esté en contra. Porque detrás de esa historia subida de tono, también hay una historia de amor, de emociones y de ilusión, como la de cualquier otra pareja.
No soy muy amante de los best sellers, porque las expectativas que crean tantos comentarios al final producen que el libro en cuestión, en algunos casos, decepcione. Como ocurre con las películas (e incluso con la música) es mejor comenzar un libro sin conocerlo de antemano demasiado, pero en la muchos casos es inevitable. (Mi truco es esperar un par de meses después de leer las críticas. Funciona)
Comencé 'Cincuenta sombras de Grey' sabiendo de antemano que era literatura un tanto subida de tono. Pero esta obra, en mi opinión, está más cerca de ser una obra 100% porno a ser un simple relato erótico. Con esto no quiero criticar, ni mucho menos, este tipo de género, más bien me sorprende que haya causado tanto éxito entre el sector de lectoras femeninos, ya no sólo nacional sino a lo largo de todo el mundo.
La pregunta inevitable que surge tras leer la obra de E.L. James es '¿porqué este repentino éxito?' '¿tiene la sociedad carencias sexuales que se suplen con este tipo de libros que roza el porno?', '¿tenemos problemas las mujeres con el sexo?'. Realmente, si la trilogía ha triunfado alcanzando la fama como 'porno para mamás', es que era necesario cubrir ese nicho de lectoras que necesitaban ponerle chispa a sus relaciones sexuales.
A finales del año pasado, varios medios de comunicación se hicieron eco de una noticia del Daily Mail en que se contaba que una mujer británica había pedido el divorcio alegando al libro como argumento. Pero ahí no queda todo, hace un par de días, una mujer alemana de 28 años moría tras probar algún ritual de la famosa obra. Ahí queda eso.
Chica virgen conoce a chico (guapísimo, famoso y rico) que le abre las puertas del sexo y la introduce en las prácticas más variopintas. Y hasta ahí puedo leer porque si sigo igual os quedáis sin historia. La clave del éxito probablemente sea que la protagonista sin comerlo ni beberlo acaba metida de lleno en la vida de tan apuesto 'príncipe' o quizás (opto más por esta opción) sean las descripciones sobre las horas y horas de sexo de la pareja.
Claro esta que toda comparación es odiosa y Christian Grey y Anastasia Steele no se dedican precisamente a jugar a médicos en sus hazañas amorosas. Látigos, sumisión, esposas... (y eso que sólo me he leído el primer libro). Es lógico que las aficionadas a esta saga pidan a sus maridos/amantes/amigos que formen parte del juego de sadomasoquismo. Pero ellos también deberían leerlo y así saber qué es lo que realmente queremos las mujeres. Y con esto no me refiero a rituales de sumisión, sino a un poco más de emoción y menos monotonía en la relación.
Eso sí, conozco a mujeres que han tenido que cerrar el libro en el transporte público tras alcanzar un grado de excitación con las descripciones de la historia demasiado elevado para el momento. Y no es difícil que ocurra, porque hay escenas tan salvajes e intensas que la lectora luego se queda con ganas de más. Aunque me parece más porno que literatura erótica. Y, ojo, con eso no quiero decir que esté en contra. Porque detrás de esa historia subida de tono, también hay una historia de amor, de emociones y de ilusión, como la de cualquier otra pareja.
martes, 5 de febrero de 2013
'Me gustó más el libro'
El peligro de ver una película basada en alguna obra literaria es que, antes o después, alguien dirá: 'Me gustó más el libro'. ¿Cuántas veces habremos escuchado esa frase? El problema es que en la mayoría de veces es cierto, ya sea porque el personaje no es tal y como lo imaginábamos o porque el director de cine ha omitido ciertas partes que consideramos importante.
Dicen que esto ocurre, por ejemplo, en 'Juego de tronos' o 'El señor de los anillos'. Pero no voy a hablar de estas obras puesto que no he podido, en el caso de la gran pantalla, pasar de los diez primeros minutos. Cuestión de gustos.
Pero, por supuesto, sí que me ha pasado. Y en varias ocasiones. Hace cuestión de seis meses me regalaron un e-book. Pese a que mucha gente me hablaba de la comodidad de transporte (soy la típica que siempre lleva un libro en el bolso) y de la facilidad de aunar varios libros en un aparato no más grande que una cuartilla, era reticente a comprarme uno. Al final, inevitablemente, y al ser un regalo, acepte un poco a regañadientes el famosísimo libro electrónico.
Por supuesto, el juguete en cuestión llevaba varias compras incluidas, entre ellas 'Los juegos del hambre' (Suzanne Collins), una obra de la que había leído buenas críticas. Y qué mejor manera para comenzar que con un libro que tenía ganas de pillar. Desde el principio me enganché y me leí los tres libros de la serie ('Los juegos del hambre', 'En llamas' y 'Sinsajo')para inaugurar tan preciado obsequio.
A los pocos días de terminarlo vi en una tienda la película de la primera parte parte ('Los juegos del hambre', Gary Ross, 2011) y como no podía ser de otra manera, la compré. ¿Qué pasó después? Pues lo que ocurre siempre que se ve una película basada en un libro con demasiadas expectativas, que por muy buena que sea, acaba decepcionando.
Ni Panem (país hipotéico en el que ocurre la acción) era tal y como yo quería que fuera, ni los personajes eran como yo me los había imaginado. Pero, es que pese a que fue la propia autora junto a Ross (1956) quién adaptó la película, omitían y ¡daban por hecho muchos detalles que para mi eran imprescindibles! Si ya lo dice el refrán, las comparaciones son odiosas.
Algo parecido me ha ocurrido con la última película hollywoodiense 'Los Miserables' (Tom Hopper, 2012), cinta con 8 candidaturas a los próximos Oscar y nominada y ganadora en todos los festivales de cine. Hace un par de años me leí la obra original ('Les misérables', 1862) del escritor francés Victor Hugo (1802, 1885) (de aquellos barros vienen estos lodos, como podéis leer en mi artículo de El Mundo), pero en aquella ocasión fue con motivo del estreno del musical que se estrenaba en la Gran Vía madrileña. Por supuesto, la obra le da mil vueltas a la película de Hopper, pero es que estamos hablando de una obra maestra de la literatura.
Pero, ¿ocurre lo mismo cuando una película nos gusta tanto que nos leemos el libro? Ni mucho menos. El verano pasado llegó a mis manos la novela de 'El Padrino' (Mario Puzo, 1969) obra en la que está inspirada la famosísima película de Francis Ford Coppola. Es inevitable que muchas escenas de la película te vengan a la mente o incluso que ya bases la descripción del personaje en el actor que lo representa en la pantalla. Como nunca había visto las películas seguidas, cuando terminé el libro, decidí hacer un maratón de las tres, y sí, puedo decir que me gustó más el libro.
Dicen que esto ocurre, por ejemplo, en 'Juego de tronos' o 'El señor de los anillos'. Pero no voy a hablar de estas obras puesto que no he podido, en el caso de la gran pantalla, pasar de los diez primeros minutos. Cuestión de gustos.
Pero, por supuesto, sí que me ha pasado. Y en varias ocasiones. Hace cuestión de seis meses me regalaron un e-book. Pese a que mucha gente me hablaba de la comodidad de transporte (soy la típica que siempre lleva un libro en el bolso) y de la facilidad de aunar varios libros en un aparato no más grande que una cuartilla, era reticente a comprarme uno. Al final, inevitablemente, y al ser un regalo, acepte un poco a regañadientes el famosísimo libro electrónico.
Por supuesto, el juguete en cuestión llevaba varias compras incluidas, entre ellas 'Los juegos del hambre' (Suzanne Collins), una obra de la que había leído buenas críticas. Y qué mejor manera para comenzar que con un libro que tenía ganas de pillar. Desde el principio me enganché y me leí los tres libros de la serie ('Los juegos del hambre', 'En llamas' y 'Sinsajo')para inaugurar tan preciado obsequio.
A los pocos días de terminarlo vi en una tienda la película de la primera parte parte ('Los juegos del hambre', Gary Ross, 2011) y como no podía ser de otra manera, la compré. ¿Qué pasó después? Pues lo que ocurre siempre que se ve una película basada en un libro con demasiadas expectativas, que por muy buena que sea, acaba decepcionando.
Ni Panem (país hipotéico en el que ocurre la acción) era tal y como yo quería que fuera, ni los personajes eran como yo me los había imaginado. Pero, es que pese a que fue la propia autora junto a Ross (1956) quién adaptó la película, omitían y ¡daban por hecho muchos detalles que para mi eran imprescindibles! Si ya lo dice el refrán, las comparaciones son odiosas.
Algo parecido me ha ocurrido con la última película hollywoodiense 'Los Miserables' (Tom Hopper, 2012), cinta con 8 candidaturas a los próximos Oscar y nominada y ganadora en todos los festivales de cine. Hace un par de años me leí la obra original ('Les misérables', 1862) del escritor francés Victor Hugo (1802, 1885) (de aquellos barros vienen estos lodos, como podéis leer en mi artículo de El Mundo), pero en aquella ocasión fue con motivo del estreno del musical que se estrenaba en la Gran Vía madrileña. Por supuesto, la obra le da mil vueltas a la película de Hopper, pero es que estamos hablando de una obra maestra de la literatura.
Pero, ¿ocurre lo mismo cuando una película nos gusta tanto que nos leemos el libro? Ni mucho menos. El verano pasado llegó a mis manos la novela de 'El Padrino' (Mario Puzo, 1969) obra en la que está inspirada la famosísima película de Francis Ford Coppola. Es inevitable que muchas escenas de la película te vengan a la mente o incluso que ya bases la descripción del personaje en el actor que lo representa en la pantalla. Como nunca había visto las películas seguidas, cuando terminé el libro, decidí hacer un maratón de las tres, y sí, puedo decir que me gustó más el libro.
jueves, 12 de abril de 2012
La escultura de ensueño de Robert Bruno

Los vecinos de Ransom Canyon, un pequeño pueblo situado en Lubbock (Texas) pudieron ver, durante más de 20 años, como el arquitecto Robert Bruno (Los Angeles, 1947-Lubbock, 2008) realizaba su particular vivienda-escultura realizada en acero. El proceso, que comenzó en 1974, fue largo y costoso, probablemente más de lo esperado por el propio artista, pero el duro trabajo más de 20 años después tuvo sus frutos aunque el artista no pudo disfrutar mucho de su sueño metálico ya que falleció en el año 2008.
Bruno, profesor en la universidad técnica de Texas, realizó esta particular casa llamada Steel House en una de las zonas más arduas del estado de Texas con más de 110 toneladas de acero. Lo que comenzó como una simple escultura con la que había soñado sobre plano, con el tiempo se ha convertido en un lugar de peregrinaje no sólo de amantes del mundo de la arquitectura sino también de los apasionados de la fotografía y del arte.
La vivienda, que reposa sob
re cuatro patas de acero, está formada por dos habitaciones, un salón, un comedor, diversos baños y otra estancia, esta escultura está conformada ya no sólo por acero oxidado sacado de la chatarra sino también por vidrio para que la luz pudiera entrar de forma óptima en la vivienda.Pero Bruno también se centró no sólo en el aspecto de su sueño convertido en realidad sino también en el espectacular interior de su proyecto ya que construyó, entre otros, una gran mesa de madera que le dio a la vivienda un aspecto más moderno, si cabe. Convirtiendolo, junto a sus vistas, es una auténtica obra maestra que da al visitante una gran sensación de amplitud.
Porque esta impresionante escultura del artista no sólo cambió el paisaje de esta zona de Texas sino que transformó en una especie de museo la vivienda en la que invirtió más de 30.000 dólares, según diversos medios norteamericanos. Convirtiendo sus recovecos en auténticas piezas de arte que unifican la arquitectura y la escultura transformando el lugar en un laberinto donde perderse, con unas vistas espectaculares que se pueden apreciar a través de sus enormes ventanales y cristaleras de colores.Aquí, en su web, se pueden ver más imágenes sobre el proceso de construcción de esta maravillosa obra de arte.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Un viaje en 'Cercanías'
Gracias a la galería Cànem descubrí en ARCO 2012 a Pilar Beltrán, una artista castellonense cuya obra 'Cercanías' se centra en los viajes en tren entre Castellón y Valencia. Quizás me llamó la atención porque, al fin y al cabo, es mi tierra o quizás porque en 'Cercanías', las imágenes se transforman en preciosas panorámicas de este trayecto de apenas una hora.


Los que viajamos en tren sabemos que hay muchos paisajes que sólo se pueden apreciar a través de las ventanillas. Por eso, Pilar Beltrán Lahoz (Castellón, 1969), ha transformado sus continuos trayectos entre ambas ciudades (en Castellón está su familia pero ella vive en Valencia) en el centro de su obra, que ya expuso en 2006 en la Sala Retiro.
Las imágenes se solapan, convirtiendo así las panorámicas en fotografías en movimiento que conforman un paisaje continuo, una forma de unir 'sus' lugares, una manera de mantenerse unida a sus inicios, a sus raíces.
Pero la obra de esta artista castellonense va mucho más allá. Dentro de su obra 'Other journeys', por ejemplo, se encuentra 'Colegio público', donde Pilar Beltrán analiza los cambios que acontecen en la sociedad actual. Estas modificaciones se reflejan en las clases de los colegios, donde los niños aprenden desde pequeños a convivir. La multiculturalidad, tan presente en las aulas, reflejan el avance de la sociedad y muestran que las amistades entre niños van más allá del color de la piel, del idioma que hablen en sus casas o de su religión.
Pero si algo impacta de sobre manera entre las obras de esta artista es la pieza 'Ciclos' (en la imagen) de su exposición 'Madres e hijos'. En ella intercala nueve imágenes de ecografías con fotografías de tumbas donde están enterradas las madres y sus hijos. Una auténtica reflexión sobre el pasado y el futuro. Lo que fue y lo que será.
Emeli Sandé, la 'otra' Adele.
Fueron apenas seis canciones pero desde que se subió al escenario y arrancaron los primeros acordes de 'Daddy', Emeli Sandé no dejó indiferente a nadie. La escocesa de 24 años era una de las invitadas de Beefeater en su gira London Sessions junto a Baxter Dury y The Kooks en la 'catedral' del flamenco madrileño por excelencia, El Corral de la Pacheca.
Personalmente no conocía a esta chica que, desde que subió al escenario se comió al público que con Baxter Dury había permanecido más bien apurando las copas de ginebra. Emeli Sandé demostró porque ha conseguido arrebatarle los primeros puestos de las listas de éxitos británicas a la mismísima Adele. Y aquí viene la paradoja, cuando comenzó su carrera musical utilizaba su nombre real: Adele Emeli Sandé pero cuando surgió el 'boom' Adele, según explicó el año pasado, abandonó el primero y pasó a llamarse simplemente Emeli Sandé.
Comenzó escribiendo canciones a artistas tan conocidos como Alesha Dixon, Chipmunk o Tinie Tempah pero no fue hasta agosto de 2011 cuando la cantante escocesa publicó su primer single 'Heaven', que podemos escuchar en su disco 'Our version of Events'. Este año ha sido la ganadora del Critic's Choice de los Brit Awards y lo que le queda.
Porque, como pudimos apreciar los apenas 500 invitados que tuvimos acceso anoche a su primera actuación en España, su fuerza sobre el escenario y, por supuesto, su voz que pone la piel de gallina, va a convertirse en la nueva voz británica.
Compone al piano. De hecho, todo comenzó porque su hermana envió a un concurso de la BBC un vídeo de Emeli Sandé tocándolo. Lo ganó, por supuesto. Y, gracias en parte a aquello, ha conseguido grabar un disco y que su nombre suene en las listas de éxitos británicas, colocándose en el número 1. Aquí su vídeo de 'Next to me', con ella al piano.
miércoles, 29 de febrero de 2012
João Leonardo: El arte de la adicción

Arrancamos el primer post, sin tener en cuenta el de 'presentación', con un artista que, personalmente no conocía pero del que estaré pendiente a partir de ahora. Hablo de João Leonardo (Odemira, Portugal, 1974), a quién descubrí en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCOmadrid de la mano de la Galería 111 (Lisboa), evento al que pudimos asistir por cortesía de Quartoymitad.
Las obras de João Leonardo forman parte de su exposición One Hundred and Six Columns, Four Heads and One Table (106 columnas, cuatro cabezas y una mesa), realizada a partir de colillas y filtros de tabaco. Una oda a los desechos. Según ha explicado el propio artista, él mismo se pasó un año entero recogiendo colillas de las calles de Bamberg (Alemania) durante su estancia en la residencia artística Villa Concordia. Pero no sólo se trata de piezas realizadas con lo que los demás consideran basura, lo curioso es que este artista portugués ha convertido su adicción en arte, porque él también fuma. ¿Qué mejor manera de conseguir que esta afición mortal le compense que haciendo que sea la base de su trabajo?
Llaman la atención los bustos que crea a partir de colillas. Pero el artista portugués también presenta en su exposición cuadros realizados con los filtros, el papel e, incluso, dibujos con nicotina líquida extraída de las propias colillas. Todas sus obras están organizadas y separadas por materiales. João Leonardo ya no sólo separa por el tipo de residuo sino que también divide entre colillas de tabaco negro y rubio (las primeras son blancas y las segundas naranjas) con las que luego realiza dibujos en cuadros.
La primera obra de este tipo que João Leonardo realizó fue Calendario #1, un conjunto de 10 cuadros en los que muestra 3.600 paquetes de tabaco vacíos. A partir de ahí todo fue dejarse llevar. El portugués utiliza absolutamente todo de los restos de tabaco. Por ejemplo, su obra Untitled (cigarrette paper collection #2) está realizada con la parte inmediatamente superior al filtro (donde llevan escritos el nombre de la marca). Así, João Leonardo ha convertido en arte los residuos considerados por la inmensa mayoría como los de categoría más baja (con permiso de los chicles): las colillas de cigarrillos.
Pero además de los bustos o los cuadros realizados con colillas, el artista ha querido ir más allá con la última parte de la muestra, The Table. A través de su mesa de trabajo, el artista permite que el espectador conozca de primera mano cómo es su trabajo. Un pequeño laboratorio lleno de filtros, papeles de fumar y ceniza, el entorno diario de cualquier fumador al descubierto, como si estuviera sobre una mesa forense pero con fuerte olor a cenicero. Aunque en esta ocasión, en vez de ser la muerte quién está presente, por única vez, el tabaco es el arte.
En realidad, esta muestra artística también es un reflejo de la muerte, inevitable para todos pero, mucho más cercana para los fumadores habituales. Pero no sólo eso, con su obra, el portugués muestra tanto los residuos que produce este adictivo placer pero también provoca que el visitante aprecie la cantidad de dinero invertido en este particular hábito social.
En esta exposición el espectador está rodeado de las consecuencias de encenderse un cigarro y puede apreciar la forma en la que el fumador, desde que se enciende el primer cigarro ya no puede controlar su vida ni su muerte. Porque, desde ese momento, es el tabaco el que manda.
Pero estos no son los únicos residuos que João Leonardo utiliza para sus obras. El portugués también firma White Cube, una particular pieza escultórica formada por una caja refrigerada donde ha guardado su propio semen. Pero esta historia merece un post aparte.
3, 2, 1... comenzamos.
29 de febrero de 2012. Bisiesto, algo que no volverá a repetirse en cuatro años, así que no hay mejor manera de aprovechar este día 'regalado' para introducirnos un poco más en la cultura.
Así empieza este nuevo blog en el que se tratarán temas relacionados con las siete artes clásicas. Desde el cine hasta la música o la escultura pasando, como no, por la arquitectura, la pintura, el teatro o la literatura. El arte, en general, tan importante para poder vivir, que nos aleja de esa realidad que día a día nos machaca un poco más. Un paseo por el Reina Sofía logra transformar un día triste, un concierto en alguna de las salas de Madrid puede hacernos olvidar la estresada mañana de trabajo o, simplemente, la lectura de un buen libro nos traslada en el tiempo, por sólo poner unos ejemplos.
Porque ya lo dijo el escritor alemán Jean Paul Richter, 'El arte verdaderamente no es el pan, pero sí el vino de la vida'.
Así empieza este nuevo blog en el que se tratarán temas relacionados con las siete artes clásicas. Desde el cine hasta la música o la escultura pasando, como no, por la arquitectura, la pintura, el teatro o la literatura. El arte, en general, tan importante para poder vivir, que nos aleja de esa realidad que día a día nos machaca un poco más. Un paseo por el Reina Sofía logra transformar un día triste, un concierto en alguna de las salas de Madrid puede hacernos olvidar la estresada mañana de trabajo o, simplemente, la lectura de un buen libro nos traslada en el tiempo, por sólo poner unos ejemplos.
Porque ya lo dijo el escritor alemán Jean Paul Richter, 'El arte verdaderamente no es el pan, pero sí el vino de la vida'.
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